Historia y Wargames

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Crónica de ficción de una partida de World in Flames con Days of Decision III, escrita al estilo de un noticiario de la época. Los hechos son los del tablero; las declaraciones y la entrevista son inventadas.

Titulares

  • Seis acorazados americanos fondean en Pearl Harbor. Washington limita además la venta de materias primas a Japón.
  • Roosevelt pide en Chicago «poner en cuarentena» a los agresores.
  • Cae Sevilla. Tras más de un año de cerco, las tropas de Franco entran en la capital andaluza y en Cádiz. A la República solo le queda Valencia.
  • Se hunde el acorazado España al intentar huir de Cádiz.
  • Los ejércitos de Mao defienden Taiyuan. Japón sigue avanzando hacia el sur por el ferrocarril de Hankow.
  • Venezuela se acerca a Washington y Bulgaria venderá su mineral a Berlín.

Washington

Roosevelt en Chicago
Roosevelt pronuncia en Chicago el «discurso de la cuarentena», 5 de octubre de 1937. Autor desconocido. Wikimedia Commons, dominio público. (Wikimedia Commons)

«Cuando una epidemia se extiende, la comunidad pone en cuarentena a los enfermos para proteger la salud de todos.» Con esta frase, pronunciada en Chicago el 5 de octubre, el presidente Roosevelt ha dado a entender que los Estados Unidos no piensan quedarse mirando mientras Japón avanza en China. No ha nombrado a nadie. No ha hecho falta.

Las palabras han venido acompañadas de hechos. El gobierno ha restringido la venta de materias primas estratégicas a Japón: Tokio seguirá recibiendo petróleo americano, pero ya no parte del mineral americano. En Japón han tenido que devolver a puerto dos de los mercantes que hacían la ruta.

En el Pacífico, la flota se ha movido. Los acorazados Pennsylvania, Arizona, California, West Virginia, Nevada y Oklahoma han zarpado de San Diego y han fondeado en Pearl Harbor, bajo el mando del almirante Hepburn. El Departamento de Marina habla de «maniobras de rutina». En Honolulu nadie recuerda unas maniobras tan largas.

En los astilleros de Nueva York se ha puesto la quilla del portaaviones Wasp, y en Filadelfia la del crucero ligero Phoenix. La diplomacia americana celebra que Venezuela, Argentina y Brasil se acercan a Washington; en Bangkok y en Santiago de Chile, en cambio, cada vez se escucha más a Tokio.

USS Pennsylvania en Pearl Harbor
El acorazado Pennsylvania entrando en Pearl Harbor, en una fotografía de archivo de 1932. US Navy, National Museum of the U.S. Navy. Wikimedia Commons, dominio público. (Wikimedia Commons)

España

Queipo de Llano ante el micrófono
El general Queipo de Llano ante el micrófono de Unión Radio Sevilla. Autor desconocido. Wikimedia Commons, dominio público. (Wikimedia Commons)

Sevilla ha caído. Durante más de un año, los defensores republicanos resistieron en la ciudad mientras el general Queipo de Llano les hablaba cada noche por la radio… desde fuera. Esta vez, los bombarderos SM-79 llegados de Italia castigaron la ciudad, y el asalto, dirigido por el propio general Franco con la Guardia, la artillería de 105 mm y la caballería, acabó con la resistencia. Los defensores atrincherados vendieron cara su derrota: el VI Cuerpo de guarnición sublevado quedó destruido en el asalto. Del lado republicano, la división de guarnición y el VII Cuerpo de guarnición fueron aniquilados, y el IV Cuerpo logró escapar para reorganizarse. El IV Cuerpo sublevado, que había tomado Cádiz días antes, fue el primero en entrar en la ciudad.

La caída de Cádiz ha sido un desastre para la flota republicana. El acorazado España y el transporte que lo acompañaba no lograron llegar a Valencia y se hundieron por el camino; solo el crucero Cervantes consiguió alcanzar el puerto. El crucero sublevado Canarias, que patrullaba el Mediterráneo, no llegó a encontrarlo.

A la República solo le queda Valencia. El presidente Azaña sigue en la montaña junto a la ciudad, y las tropas sublevadas (el cuerpo motorizado, el V Cuerpo, la milicia de Cartagena y la caballería) ya forman un arco alrededor. En Burgos se preparan dos nuevas unidades: una milicia en Sevilla y el VI Cuerpo de guarnición reconstruido.

China

El ejército japonés continúa su avance hacia el sur por el ferrocarril de Pekín a Hankow. El 2.º Ejército Motorizado ha ocupado otra zona minera, el 27.º Ejército se acerca a Chengchow y el 18.º Ejército y el cuerpo de Kirin, del ejército de Manchukuo, avanzan por el este. Pekín ha quedado casi vacía de tropas: los japoneses tienen prisa.

En Shansi, en cambio, los comunistas han plantado cara. El 1.er y el 2.º Ejércitos de Mao Zedong ocupan Taiyuan, la capital de la provincia, frente a la caballería combinada japonesa, que se ha detenido en las montañas. Por primera vez desde que empezó la guerra, el Kremlin y Nankín coinciden en algo: los dos aplauden a Mao. Cada uno por motivos distintos.

El Generalísimo Chiang ha ordenado construir sus primeros cazas, aviones I-16 de diseño soviético, y la formación de los primeros pilotos. En Chungking ha entrado en servicio el 20.º Ejército de reserva, y en Chengtu se ha reconstruido el II Ejército de Caballería destruido en Paoting. La milicia de Sian, pagada por Nankín, ya está formada. Sigue sin saberse a quién obedece.

Tokio

El gobierno japonés ha recibido la noticia de la flota americana en Hawái con una nota de protesta y un pedido extraordinario a los astilleros: el portaaviones Hiryu ha empezado su segunda fase de obras, el crucero Chikuma la ha terminado y los aviones de bombardeo en picado D3A2 se preparan en Tokio para los nuevos portaaviones. El crucero Haguro sigue patrullando el mar de la China Meridional.

Berlín

Alemania ha firmado un acuerdo comercial con Bulgaria. El mineral búlgaro viajará en tren hasta el Reich, y en Sofía ya hablan alemán en los ministerios. En Oslo, en cambio, la diplomacia alemana ha conseguido algo más discreto: que Noruega siga exactamente donde estaba, sin acercarse a Washington ni a Moscú.

El acorazado Gneisenau ha entrado en servicio en Hamburgo, donde el crucero Admiral Hipper ha empezado su segunda fase de obras. La planta de gasolina sintética de Magdeburgo está casi terminada, en Hannover se fabrican los nuevos cazas Messerschmitt y en Múnich se forma un nuevo cuerpo mecanizado.

Roma

El acorazado Littorio ha completado su segunda fase de obras y el viejo Caio Duilio ha terminado su reconstrucción en Génova, donde el crucero Garibaldi vuelve a la grada. En Nápoles se construye un nuevo hidroavión de reconocimiento, el Cant Z.506.

Londres

Los mercantes británicos ya cubren casi toda la ruta del mineral turco, desde Liverpool hasta el Mediterráneo; solo falta el último tramo, entre Gibraltar y el Mediterráneo oriental. La RAF ha encargado bombarderos Blenheim, y en Plymouth se construye un nuevo transporte de tropas. El Tesoro guarda veintiocho millones. Mr. Chamberlain asegura que no tiene prisa, pero tampoco quiere que le pille la lluvia.

Moscú y París

En la Unión Soviética han entrado en servicio los cruceros Kirov, en Leningrado, y Voroshilov, en Sebastopol, y el 12.º Ejército se ha incorporado en Moscú. También se vuelve a formar el 24.º Ejército siberiano, disuelto en la purga de la primavera. Los oficiales son nuevos. Las sospechas, no.

En París, el XVII Cuerpo ya desfila y el general Prételat forma su nuevo cuartel general. Léon Blum, con el Tesoro casi vacío, firma los pagos con letra cada vez más pequeña.


Entrevista TIME (ficticia)

«No es un embargo. Es una dieta»

Franklin D. Roosevelt ante los micrófonos
Franklin D. Roosevelt durante una de sus charlas radiofónicas, 1937. Harris & Ewing. Wikimedia Commons, dominio público. (Wikimedia Commons)

Conversación imaginaria con el presidente Franklin D. Roosevelt en la Sala de Recepción Diplomática de la Casa Blanca, una noche de octubre, justo después de una de sus charlas por la radio. Los técnicos de la NBC recogen los cables. El presidente sigue sentado ante los micrófonos, con una boquilla larga entre los dientes y una sonrisa de quien sabe que le ha escuchado medio país.

Señor presidente, ¿cómo debemos llamarle?

Mis amigos me llaman Franklin. Mis enemigos, «ese hombre». Los periodistas me llaman cada mañana a las diez y media. Usted puede elegir.

Acaba de hablar de «cuarentena». ¿Contra quién?

Contra nadie en particular. Es una palabra médica. Cuando un vecino tiene la gripe, no se le declara la guerra: se le cierra la puerta con mucha educación y se le manda una sopa.

Ha restringido la venta de materias primas a Japón. ¿Eso es un embargo?

No, no. Es una dieta. Japón está creciendo demasiado deprisa y le sentaba mal tanto mineral. Seguimos vendiéndole petróleo. Somos un país generoso.

¿Y los seis acorazados en Pearl Harbor?

El clima de Hawái es excelente para la salud. Los marineros necesitaban un poco de sol. (Da una calada a la boquilla.) Y si de paso alguien en el Pacífico se da cuenta de que tenemos acorazados, tampoco pasa nada.

¿No es eso contrario a la Ley de Neutralidad?

La Ley de Neutralidad dice que no vendemos armas a los beligerantes. No dice nada de enseñarlas.

Hablemos de Europa. Mr. Chamberlain dice que en Inglaterra siempre puede llover.

Mr. Chamberlain es un hombre prudente. Lleva paraguas. Yo prefiero fabricar paraguas. Y si un día los ingleses necesitan uno, que vengan a comprarlo… al contado y que se lo lleven ellos.

En China, los comunistas de Mao resisten en Taiyuan. ¿Le preocupa?

Me preocupa que el Generalísimo Chiang resista. Si para eso necesita a Mao, que lo use. En política, como en el póquer, uno juega con las cartas que le tocan. (Se ríe.) Eso no lo publique.

¿Es verdad que colecciona sellos?

Más de un millón. Es mi forma de viajar por el mundo sin que me acusen de intervenir. Tengo sellos de Manchukuo, por cierto. No los reconozco como país, pero los colecciono.

Una última petición, señor presidente: ¿nos firmaría una fotografía?

Con mucho gusto. (Firma con una pluma ancha, «Franklin D. Roosevelt», y le da la vuelta a la foto para escribir algo más.) Por detrás le pongo «off the record». Así nadie podrá citarla.

Al despedirnos, el presidente pide a un ayudante que le prepare un martini «como Dios manda: mucha ginebra y poca ley seca». Desde la puerta le oímos tararear una canción mientras los técnicos apagan los micrófonos. Afuera, en la avenida Pensilvania, nadie habla de otra cosa que de los acorazados de Hawái.

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