Historia y Wargames

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Crónica de ficción de una partida de World in Flames con Days of Decision III, escrita al estilo de un noticiario de la época. Los hechos son los del tablero; las declaraciones y la entrevista son inventadas.

Titulares

  • Guerra en el norte de China. Tras el incidente del puente de Marco Polo, el ejército japonés toma Pekín, Tientsin y Paoting.
  • Chiang Kai-shek: «Hemos llegado al límite de lo soportable». China llama a sus reservas.
  • Un mercante chino, hundido en el mar de la China Meridional. La isla de Hainan queda aislada.
  • Londres vende el estaño de Malaya a Tokio para calmar la crisis de la concesión de Tientsin.
  • Chile se acerca a Tokio y Holanda se aleja.
  • El 8.º Ejército de Ruta entra en Shansi. Los comunistas de Mao, por primera vez, marchan contra Japón.

Pekín

Tropas japonesas entran en Pekín
Tropas japonesas entran en Pekín bajo la puerta de Qianmen, agosto de 1937. Associated Press. Wikimedia Commons, dominio público. (Wikimedia Commons)

Todo empezó con un soldado japonés que no volvió a su puesto después de unas maniobras nocturnas junto al puente de Marco Polo. Apareció horas más tarde, pero para entonces ya hablaban los cañones. Tokio dice que no quería la guerra; el ejército japonés de Tientsin parece que no se enteró.

En pocas semanas, el 27.º Ejército y el 2.º Ejército Motorizado japoneses, apoyados por el cuartel general del general Umezu, han entrado en Pekín. Los bombarderos navales de Port Arthur castigaron la ciudad antes del asalto. Los defensores (la 87.ª División, el II Ejército de Caballería y las tropas de los señores de la guerra locales) intentaron replegarse hacia el sur, pero no les dio tiempo: los señores de la guerra y la 87.ª División fueron destruidos en la ciudad, y la caballería, alcanzada en Paoting, corrió la misma suerte unos días después.

Mientras tanto, por el ferrocarril de Manchuria han llegado a Tientsin las tropas de Kirin del ejército de Manchukuo, con la artillería de 70 mm japonesa, y la caballería combinada del ejército de Kwantung ha ocupado las minas del sur de la provincia. En Tokio, Osaka, Kioto y Fukuoka se han movilizado las reservas: el 11.º y el 16.º Ejércitos, la Guardia Imperial y las milicias de las grandes ciudades, de Seúl, de Harbin y de Taihoku. Un buque de desembarco ha llegado a Fukuoka, y en los muelles se habla de Shanghái.

Nankín

Chiang Kai-shek en el monte Lu
Chiang Kai-shek pronuncia su declaración en el monte Lu, 17 de julio de 1937. Autor desconocido. Wikimedia Commons, dominio público. (Wikimedia Commons)

Desde su residencia de verano en el monte Lu, el Generalísimo Chiang Kai-shek ha hablado a la nación: «Si se nos obliga a ello, lucharemos hasta el final». Los primeros reservistas ya están en pie: el 14.º Ejército ha llegado a Chengchow, la 245.ª División de guarnición defiende Nankín y se han formado milicias en Cantón y en Soochow, a las puertas de Shanghái. El 8.º Ejército ha viajado en tren desde Cantón hasta Wuhan, en el corazón del país.

En el mar no hay buenas noticias. Los cruceros de la 3.ª Flota japonesa, al mando del capitán de navío Aoyagi, a bordo del Haguro, han hundido en el mar de la China Meridional el último mercante chino que unía Hainan con el continente. El Haguro sigue patrullando aquellas aguas mientras el resto de la flota vuelve a Formosa.

Sian

En el noroeste, el Frente Unido empieza a dar señales de vida. El 2.º Ejército comunista ha salido de las tierras de Mao Zedong y ha cruzado a la provincia de Shansi, camino de Taiyuan, para amenazar el flanco japonés. Lanchow ha formado una milicia, y otra se forma ya en Sian con el dinero del gobierno de Nankín. En Nankín nadie ha querido comentar quién la va a mandar.

Tokio

El gobierno del general Tojo asegura que todo se resolverá «localmente». Los astilleros de Osaka no lo parecen creer: el acorazado Yamato avanza, y los cruceros Kumano y Chikuma han entrado en su segunda fase de obras. La diplomacia japonesa celebra que Chile, Siam y México la escuchan con atención; en La Haya, en cambio, el gobierno holandés mira cada vez más hacia Moscú. Un acuerdo con Londres sobre la concesión británica de Tientsin permitirá además a Japón comprar el estaño y el caucho de Malaya.

Londres

Mr. Chamberlain ha conseguido apaciguar la crisis de Tientsin vendiendo a Japón la producción de una mina de Malaya. En los Comunes, la oposición pregunta si el próximo paso será vender el paraguas. En Londres han llegado los primeros cazas Hurricane de la RAF; los pilotos llegarán en otoño. El Tesoro guarda ya veintiséis millones, y en Downing Street nadie quiere decir para qué.

Washington

El presidente Roosevelt ha condenado «el bombardeo de ciudades abiertas» y ha pedido un informe sobre la situación de la flota del Pacífico. El North Carolina ha completado en Nueva York su primera fase de obras. En San Diego, los almirantes miran el mapa de Hawái con interés creciente.

Berlín

El mineral húngaro ya viaja en tren hacia el Reich. En Hamburgo se ha puesto la quilla del crucero pesado Seydlitz, la planta de gasolina sintética de Magdeburgo está casi terminada y en Stettin ha empezado a formarse un nuevo cuerpo blindado. Los diplomáticos alemanes en Tokio y en Nankín, que asesoraban a los dos bandos a la vez, han dejado de contestar al teléfono.

Roma

Mussolini sigue adelante con las obras del acorazado Littorio y ha mandado reconstruir el viejo Caio Duilio en Génova, «como nuevo». El transporte que trajo tropas a Tobruk ha vuelto a Nápoles.

España

El general Franco ha trasladado su cuartel general a la línea de frente y espera los refuerzos del otoño: un cuerpo motorizado, artillería pesada, bombarderos italianos y la milicia de Cartagena, que se forma ya en la ciudad. Mientras tanto, los Chirri han bombardeado Sevilla sin resultado y la caballería sublevada se ha unido a la Guardia frente a la ciudad. En el centro, el V Cuerpo sublevado se acerca a la montaña de Valencia, donde el presidente Azaña ha reunido al VI Cuerpo de guarnición. En el mar, el Canarias patrulla el Mediterráneo occidental. La guerra, dicen ya en los dos bandos, va para largo.

Moscú y París

En Moscú, el 12.º Ejército ha terminado de formarse; el Kremlin observa la guerra de China con mucha atención y en silencio. En París, el XVII Cuerpo francés ya está completo, y Léon Blum sigue haciendo cuentas.


Entrevista TIME (ficticia)

«Bebo agua caliente. Los japoneses, en cambio, se van a quemar»

Chiang Kai-shek y Soong Mei-ling
Chiang Kai-shek y Soong Mei-ling, 1937. Autor desconocido, archivo de la Misión del Pacto de Suecia. Wikimedia Commons, licencia CC0. (Wikimedia Commons)

Conversación imaginaria con el Generalísimo Chiang Kai-shek en su villa de verano de Kuling, en el monte Lu, una tarde de julio. La niebla sube por los pinos. Nos recibe Madame Chiang, que hace de intérprete, y nos advierte de que el Generalísimo no habla inglés, pero lo entiende cuando le conviene. Él nos espera en la galería, con una túnica negra y una taza humeante.

Generalísimo, ¿cómo debemos llamarle?

En China me llaman Weiyuanzhang, el Presidente del Comité. (Madame Chiang traduce: «Dice que Generalísimo está bien». Él asiente, aunque no ha dicho eso.)

¿Qué está bebiendo?

Agua hervida. Ni té, ni vino, ni tabaco. (Madame Chiang añade: «Lo recomienda el Movimiento Nueva Vida. También recomienda abrocharse todos los botones y no escupir en la calle».) Si cada chino siguiera estas normas, Japón no habría podido entrar en Pekín.

Pero ha entrado.

Pekín es una ciudad muy antigua. Ha visto llegar a los mongoles, a los manchúes y a los ingleses. Todos se fueron. Los japoneses también se irán. Esa es la ventaja de tener cinco mil años: nunca hay prisa.

Sus tropas han perdido Pekín y Paoting en pocas semanas.

Hemos cambiado espacio por tiempo. China tiene mucho espacio. Japón tiene poco tiempo. (Bebe un sorbo de agua y espera a que lo apuntemos.)

Hace unos meses le secuestraron en Sian. ¿Es verdad que escapó por la montaña en camisón y sin la dentadura postiza?

(Silencio. Madame Chiang sonríe con mucha educación.) Mi marido dice que aquella noche hacía mucho frío y que no hay más preguntas sobre aquella noche.

Ahora es aliado de los comunistas que le secuestraron.

Los comunistas son una enfermedad de la piel. Los japoneses son una enfermedad del corazón. Primero se cura el corazón. (Madame Chiang traduce sin parpadear.) Por cierto, el gobierno acaba de pagar una milicia para Sian. Esperamos que se acuerde de quién la ha pagado.

No lleva condecoraciones.

Un general chino no necesita medallas. Necesita aviones. (Mira a Madame Chiang, que añade: «Y los aviones necesitan amigos americanos».)

¿Espera ayuda de Washington?

El presidente Roosevelt es un gran amigo de China. Nos manda su simpatía cada semana. Si un día nos manda también algo que vuele, le estaremos todavía más agradecidos.

Una última petición: ¿nos firmaría una fotografía?

(El Generalísimo firma con pincel, en caracteres grandes. Madame Chiang firma debajo, en inglés y con letra mucho más pequeña.) Así la entenderán en los dos países.

Al despedirnos, la niebla ha cubierto la montaña y no se ve el camino. «No se preocupen», dice Madame Chiang, «aquí siempre se acaba encontrando la salida». El Generalísimo, desde la galería, levanta su taza de agua caliente a modo de brindis.

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