Historia y Wargames

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Crónica de ficción de una partida de World in Flames con Days of Decision III, escrita al estilo de un noticiario de la época. Los hechos son los del tablero; las declaraciones y la entrevista son inventadas.

Titulares

  • Jorge VI, coronado en Westminster. Neville Chamberlain sucede a Baldwin en Downing Street.
  • Cae la Guardia republicana. Tras ocho meses cercada al nordeste de Madrid, la última bolsa republicana del centro es aniquilada.
  • La República abandona Cartagena y Azaña se refugia en las montañas de Valencia.
  • Tres cruceros sublevados entran en el Mediterráneo. El Canarias y el Almirante Cervera cruzan el Estrecho.
  • Fusilado el mariscal Tujachevski.
  • El mineral yugoslavo viajará a Alemania en tren. Belgrado se aleja de Roma y se acerca a Berlín.

Londres

Jorge VI y la reina Isabel
Jorge VI y la reina Isabel con las coronas y los mantos de la coronación, 12 de mayo de 1937. Rijksmuseum, Wikimedia Commons, licencia CC0. (Wikimedia Commons)

El 12 de mayo, Jorge VI fue coronado en la abadía de Westminster en la fecha prevista para su hermano. Londres se llenó de banderas y la BBC retransmitió por primera vez un desfile real con cámaras de televisión. Dos semanas después, Stanley Baldwin se retiró con un título de conde y una pipa nueva, y Neville Chamberlain se instaló en el número 10 de Downing Street.

El nuevo primer ministro hereda un rearme en marcha. En Birkenhead se ha puesto la quilla del acorazado Prince of Wales y los tres petroleros que traerán crudo canadiense ya cubren la ruta del Atlántico Norte, desde la costa de Nueva Escocia hasta las islas Feroe. El Tesoro tiene veinte millones guardados, y Mr. Chamberlain, que fue ministro de Hacienda durante seis años, sabe dónde está cada penique.

España

La resistencia del cuerpo de la Guardia republicana al nordeste de Madrid ha terminado. Llevaba ocho meses cercada en las montañas, sin abastecimiento, y había resistido tres bombardeos de los cazas de Zaragoza. El asalto final lo dirigió el propio general Franco con todas las tropas de la zona: los guardias se atrincheraron y vendieron cara su derrota. El VII Cuerpo de guarnición sublevado y una división de guarnición quedaron destruidos en el asalto, y Burgos ha tenido que pagar su reconstrucción. Franco ha instalado su cuartel general en la montaña donde resistió la Guardia.

En el sur, el Gobierno ha abandonado Cartagena y la caballería sublevada ha entrado en la ciudad sin disparar un tiro. El presidente Azaña ha subido a las montañas junto a Valencia para formar un reducto con las tropas de la capital. Sevilla está cercada: el cuerpo de la Guardia sublevada y el IV Cuerpo esperan a sus puertas.

En el mar, los cruceros Canarias y Almirante Cervera han salido de Ferrol, han cruzado el Estrecho de Gibraltar y han atracado en Barcelona. El Baleares patrulla frente a la costa valenciana. La flota republicana no ha salido de puerto.

Moscú

Mijaíl Tujachevski
El mariscal Mijaíl Tujachevski, antes de 1937. Autor desconocido. Wikimedia Commons, dominio público. (Wikimedia Commons)

El 12 de junio, un tribunal militar condenó a muerte al mariscal Tujachevski y a otros siete generales por «traición y espionaje a favor de Alemania». Fueron fusilados la misma noche. En el Comisariado de Defensa se ha formado una larga cola de oficiales que quieren demostrar su lealtad. En Moscú se forma el 12.º Ejército. En Sian, a las órdenes de Mao, el 1.er Ejército comunista chino ya está en pie de guerra.

Berlín

Alemania ha firmado un acuerdo comercial con Yugoslavia. El mineral yugoslavo viajará en tren a través de Austria, y en Belgrado, que hasta hace poco miraba a Roma, empiezan a mirar a Berlín. En Chile, la diplomacia alemana ha conseguido que el Gobierno se aleje de Washington.

En Hamburgo se ha puesto la quilla del crucero pesado Blücher, el LII Cuerpo de Ejército está casi listo en Colonia, la planta sintética de Magdeburgo ya está a medio construir y la Luftwaffe ha terminado de formar una nueva promoción de pilotos.

Roma

Por primera vez en un año, las cuentas del Estado italiano están en equilibrio: ni una lira de más, ni una de menos. Mussolini lo ha celebrado reanudando las obras del acorazado Littorio en Génova. El mariscal Badoglio y el cuerpo mecanizado Libia se han trasladado de Sicilia a Nápoles, y la división Aosta y la artillería de 75 mm han embarcado en Eritrea y han desembarcado en Tobruk, en Libia.

París

Francia ha vuelto a pasar por las urnas y el Frente Popular sigue en el poder, aunque cada vez con menos votos y menos francos. El Tesoro está vacío. La diplomacia francesa ha conseguido al menos que Yugoslavia se aleje de Mussolini, y el XVII Cuerpo se sigue formando con lo poco que queda.

Tokio

En Osaka se han puesto la quilla del acorazado Yamato, que según los rumores será el mayor del mundo, y el crucero Suzuya ha empezado su segunda fase de construcción. En Manchuria, el 2.º Ejército Motorizado ha avanzado hasta la frontera china. En Pekín y Nankín se habla cada vez más de «incidentes».

Washington

En Nueva York se ha puesto la quilla del acorazado North Carolina, el primero que construyen los Estados Unidos desde el Tratado de Washington. El presidente Roosevelt insiste en que es «un barco para la paz».

Nankín

El Generalísimo Chiang Kai-shek ha empezado a formar en Chungking el 20.º Ejército de reserva. No le quedan más reclutas de infantería.


Entrevista TIME (ficticia)

«El paraguas no es una política. Pero ayuda»

Neville Chamberlain
Neville Chamberlain, retrato del estudio Bassano Ltd, febrero de 1936. Wikimedia Commons, dominio público. (Wikimedia Commons)

Conversación imaginaria con el nuevo primer ministro británico en el número 10 de Downing Street, una tarde de junio en la que no llueve. Le esperamos en la sala del Gabinete mientras vuelve a pie de la Cámara de los Comunes, y cuando llega trae el paraguas de todos modos, bien cerrado. Lo deja en el paragüero con el cuidado de quien guarda un instrumento científico.

Primer ministro, ¿por qué lleva paraguas si no llueve?

Porque en Inglaterra siempre puede llover. Es lo que llamo «política preventiva». Mis críticos dicen que es lo único que tengo de preventivo. Se equivocan: también tengo un presupuesto.

¿Cómo debemos llamarle?

«Primer ministro» está bien. Mi hermano Austen, que en paz descanse, fue ministro de Exteriores y tenía el Nobel de la Paz. Yo solo tengo la cartera de Hacienda vacía de mi predecesor. Pero la estoy llenando.

No lleva usted condecoraciones.

Llevo una flor en la solapa. Es una orquídea de mi invernadero. Cuesta menos que una medalla y dura más que la mayoría de los gobiernos.

Ha sido usted ministro de Hacienda seis años. ¿Se nota?

He pedido que me traigan las facturas del té de Downing Street. Mr. Baldwin tomaba demasiado azúcar.

Hablemos de Europa. Alemania se arma, Italia se arma, Japón construye acorazados gigantes…

Y nosotros también construimos: el Prince of Wales ya tiene quilla. Pero yo creo en hablar. Herr Hitler, el Signor Mussolini y yo somos hombres razonables. Al menos dos de los tres.

¿Cuáles dos?

(Sonríe y no contesta. Abre el paraguas un momento dentro del despacho para comprobar que funciona, y vuelve a cerrarlo.)

¿Qué opina de lo de España?

Que es un asunto de los españoles. Hemos firmado un acuerdo de no intervención y lo cumplimos escrupulosamente. Es el único acuerdo de Europa que se cumple así… por nuestra parte.

¿Y qué piensa hacer en su tiempo libre?

Pescar salmón en Escocia y observar pájaros. Hay mucho que aprender de los pájaros: nunca declaran la guerra y siempre saben cuándo emigrar.

¿Ha volado alguna vez en avión?

Nunca. No le veo ninguna necesidad. Si algún día tengo que ir a ver a alguien al continente, irá él a verme. Aunque nunca se sabe.

Una última petición, primer ministro: ¿nos firmaría una fotografía?

Con mucho gusto. (Firma con una estilográfica de plumín fino y sopla la tinta.) Uso poca tinta: el contribuyente británico la paga. Y le ruego que me devuelva el papel secante.

Al despedirnos, Mr. Chamberlain nos acompaña hasta la puerta, mira el cielo despejado sobre Whitehall y nos ofrece su paraguas para el camino. Le decimos que no hace falta. «Ya verá», nos dice, «al final siempre llueve». A la altura del Cenotafio empieza a chispear.

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