Crónica de ficción de una partida de World in Flames con Days of Decision III, escrita al estilo de un noticiario de la época. Los hechos son los del tablero; las declaraciones y la entrevista son inventadas.
Titulares
- Stalin descabeza al Ejército Rojo. Cae el mariscal Tujachevski; se disuelven dos ejércitos siberianos y otro del Lejano Oriente.
- Washington aprueba la Ley de Neutralidad. Los Estados Unidos no venderán armas a nadie… salvo al contado y que se las lleven ellos.
- Un general se hace con el poder en Tokio. Hideki Tojo llega al Gobierno y Siam se acerca al Imperio.
- El mineral finlandés viajará a Alemania en tren hasta Suecia y desde allí por el Báltico.
- México vuelve a mirar al norte. Tras su coqueteo con Moscú, el Gobierno mexicano se acerca otra vez a Washington.
- Franco traslada su cuartel general al frente de Madrid.
Moscú

La primavera ha llegado al Kremlin con una tormenta. El mariscal Mijaíl Tujachevski, el estratega más brillante del Ejército Rojo y padre de su doctrina de la «batalla en profundidad», ha sido apartado del mando y nadie sabe dónde está. Con él han caído decenas de jefes y comisarios. Tres grandes unidades han sido disueltas: el 22.º y el 24.º Ejércitos siberianos, orgullo del Ejército Rojo, y el 11.º Ejército del Lejano Oriente. Vladivostok se ha quedado sin infantería.
Pravda asegura que el Partido sale «más fuerte que nunca» de la depuración, y en las cancillerías extranjeras nadie se atreve a desmentirlo: el prestigio político de Stalin no ha estado nunca tan alto. Los Estados bálticos, prudentes, han empezado a mirar hacia Moscú con más respeto que antes. En la capital ya se forma el nuevo 12.º Ejército, y los observadores militares se preguntan quién lo va a mandar.
Washington
El Congreso ha aprobado la nueva Ley de Neutralidad y el presidente Roosevelt la ha firmado. Los Estados Unidos no venderán armas a los beligerantes, y lo que vendan tendrán que pagarlo al contado y llevárselo en sus propios barcos. «América no se meterá en las guerras de Europa», ha dicho el presidente. En el Departamento de Guerra nadie ha preguntado qué ocurre si las guerras de Europa se meten en América.
La ley ha sido bien recibida al sur del río Grande. México ha dejado de lado su coqueteo con Moscú y vuelve a mirar hacia Washington; Venezuela, Argentina y Brasil aplauden. En Santiago de Chile, en cambio, han preferido seguir escuchando a Tokio. En Norfolk, el portaaviones Yorktown se ha unido a la flota y su hermano el Enterprise recibe sus últimos remaches.
Tokio
Un nuevo hombre fuerte manda en Japón. El general Hideki Tojo ha llegado al poder con el apoyo del Ejército, y su primer gesto ha sido acercar el Imperio a Roma y a Berlín. Siam se ha alineado un poco más con Tokio, mientras Holanda, Portugal y Venezuela miran con recelo.
El 2.º Ejército Motorizado ha embarcado en Osaka, ha desembarcado en Port Arthur y ha seguido por ferrocarril hasta Manchuria, donde se ha unido al mando del general Umezu. El portaaviones Soryu ha entrado en servicio en Tokio con sus nuevos bombarderos en picado. El Kaga ha hecho una escapada a Fukuoka para cambiar los bombarderos por cazas A5M, y ya está de vuelta en Formosa. En Manchukuo se forma una nueva unidad territorial.
Berlín
Alemania ha firmado un acuerdo comercial con Finlandia. El mineral finlandés cruzará la frontera sueca en tren y desde allí viajará por el Báltico en un cuarto mercante alemán, que ya ha salido de Kiel. En Helsinki el acuerdo se ha celebrado con discreción. La amistad con Berlín parece hoy más prudente que la vecindad con Moscú, sobre todo después de lo visto en el Kremlin.
En Hamburgo ha terminado la primera fase del Tirpitz, el LII Cuerpo de Ejército se forma en Colonia y la planta de gasolina sintética de Magdeburgo sigue creciendo. La Luftwaffe ha empezado a formar una nueva promoción de pilotos.
Roma
Italia mantiene la austeridad: el Tesoro sigue en rojo y no se ha encargado nada. Los bombarderos SM.81 han vuelto de Eritrea a bordo de un transporte que ha cruzado el canal de Suez sin que los británicos dijeran una palabra. Han desembarcado en Siracusa.
España
El acorazado Jaime I, de la flota sublevada, salió de Barcelona en un crucero por el Mediterráneo occidental y volvió a puerto unos días después sin encontrar a nadie. El general Franco ha trasladado su cuartel general de Zaragoza al frente, junto al VII Cuerpo de guarnición, y desde allí ha puesto de nuevo en el aire a sus cazas. Los Chirri volvieron a bombardear al cuerpo de la Guardia republicana, cercado al nordeste de Madrid, sin resultado. Una división de guarnición ha avanzado también hacia el frente.
El presidente Azaña ha instalado su cuartel general en Cartagena, y el IV Cuerpo ha llegado a Sevilla para defender la ciudad. Valencia, llena hasta los topes, no admite más tropas. El Gobierno ha encargado un cuerpo motorizado que no estará listo hasta dentro de un año. Burgos, que ya no sabe en qué gastar el dinero, ha terminado de pagar su división de artillería de 105 mm.
Londres
Mr. Baldwin prepara su retirada y Mr. Chamberlain ya tiene las llaves del número 10. El rearme aéreo empieza a notarse: la RAF ha encargado los nuevos cazas Hurricane y la formación de sus pilotos. Los petroleros canadienses siguen llegando y los depósitos de Manchester ya almacenan combustible.
París
El XXIV Cuerpo Motorizado ha desfilado por París y el XVII Cuerpo empieza a formarse. Léon Blum, con el Frente Popular cada vez más dividido, sabe que antes del verano tendrá que volver a pasar por las urnas.
Nankín
El Tesoro nacionalista ha terminado de pagar el nuevo ejército que se forma en Sian, a las órdenes de Mao Zedong. Chiang Kai-shek no ha hecho declaraciones. En Etiopía, la resistencia sigue sin dar señales de vida.
Entrevista TIME (ficticia)
«En la Unión Soviética nadie desaparece. Simplemente, deja de estar»

Conversación imaginaria con el camarada Iósif Stalin en su despacho del Kremlin, a medianoche, que es cuando el Secretario General prefiere trabajar. En la antesala esperan cinco generales. Cuando salimos, quedan tres. Nadie nos explica qué ha pasado con los otros dos, y nosotros no preguntamos.
Camarada Stalin, ¿cómo debemos llamarle?
Camarada basta. Algunos me llaman «padre de los pueblos», «guía genial» o «mejor amigo de los deportistas soviéticos». Yo no los animo. Tampoco los detengo. (Se ríe. El traductor se ríe un segundo después, con mucho cuidado.)
Le vemos sin condecoraciones.
Tengo la mejor condecoración: el amor del pueblo. Además, las medallas pesan, y los que más medallas tenían en este país… (enciende la pipa) … ahora viajan ligeros.
Hablemos del mariscal Tujachevski.
¿Quién?
El mariscal Tujachevski. El jefe de su Ejército.
Ah, sí. Un hombre muy brillante. Demasiado brillante. Ha emprendido un viaje largo. Le deseamos lo mejor.
¿Y los ejércitos siberianos que se han disuelto?
Siberia es muy grande. Siempre hay sitio para todos. Los soldados que se han portado bien vuelven a casa; los demás, se quedan en Siberia. Es una solución muy práctica.
En Occidente dicen que el Ejército Rojo sale debilitado.
En Occidente dicen muchas cosas. Un ejército es como un jardín: hay que podarlo para que crezca. Ya estamos formando un ejército nuevo, el 12.º, con hombres leales. Lealtad primero; cañones, después.
¿Teme a Alemania?
Temo a los que no hacen bien su trabajo. Por suerte, cada vez quedan menos.
¿Qué opina de la nueva Ley de Neutralidad norteamericana?
Que el señor Roosevelt es un hombre listo. Vende las armas al contado y en el puerto. Eso es capitalismo puro. Un poco de marxismo en la caja, un poco de Wall Street en el muelle. (Le gusta su propia frase y la repite en georgiano.)
¿Y los países bálticos? Parecen más cerca de Moscú que hace un mes.
Son vecinos sensatos. Han visto que en Moscú se toman las cosas en serio.
Camarada Stalin, una última petición: ¿podemos hacerle una foto con sus colaboradores?
Por supuesto. (Llama a Mólotov y al comisario Yezhov, que estaba en la puerta. Posan los tres. Stalin sonríe.)
¿Y nos la firmaría?
(Firma con lápiz rojo, en diagonal, como firma las listas.) Se la mandaremos revelada desde Moscú. Nuestros laboratorios son muy buenos. Mejoran mucho las fotografías.

Tres semanas después recibimos el sobre de Moscú. La foto está firmada y es muy nítida. Hay un detalle: el comisario Yezhov ya no sale. En su lugar, el laboratorio ha puesto un poco más de río. Cuando llamamos a la embajada para preguntar, nos aseguraron que la foto siempre fue así.
Al despedirnos, el ayudante nos pregunta con mucha amabilidad cuántos periodistas viajan en nuestra delegación, cómo se llaman y en qué hotel se alojan. No es necesario, dice, contestar ahora.

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