Historia y Wargames

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Crónica de ficción de una partida de World in Flames con Days of Decision III, escrita al estilo de un noticiario de la época. Los hechos son los del tablero; las declaraciones y la entrevista son inventadas.

Titulares

  • Suecia se alía con Alemania. Estocolmo rompe un siglo de neutralidad y Copenhague no sale de su asombro.
  • Tokio y Roma aprietan el acelerador. Japón e Italia anuncian planes de expansión industrial; en Roma no explican con qué dinero.
  • Londres compra mineral turco y encarga una flota mercante para traerlo.
  • Roosevelt jura bajo la lluvia su segundo mandato y promete no meterse en líos ajenos.
  • La caballería rebelde barre Andalucía oriental. A la República le quedan Valencia y Sevilla.
  • Se pone la quilla del Tirpitz en Hamburgo y la del portaaviones Shokaku en Tokio.

Estocolmo

La noticia del invierno ha llegado del norte. Suecia y Alemania han firmado una alianza, y el mineral de hierro de Kiruna tiene ya un cliente preferente. En Copenhague y en Varsovia la noticia ha sentado como un jarro de agua helada: los daneses miran el mapa con aprensión y los polacos con rencor. En Helsinki, en cambio, la amistad con Berlín empieza a parecer menos peligrosa que la vecindad con Moscú. En los países bálticos el entusiasmo alemán ha durado lo que tarda en llegar un telegrama.

Berlín

En los astilleros de Hamburgo se han puesto las quillas del acorazado Tirpitz y del crucero pesado Prinz Eugen, y en Colonia se forma un nuevo cuerpo de ejército. El general von Bock ha instalado su cuartel general en Berlín, y los nuevos bombarderos Heinkel se han desplegado en Fráncfort junto al grupo de ejércitos del general von Leeb. La planta de gasolina sintética de Magdeburgo, por fin, ha recibido el dinero que necesitaba para seguir adelante.

Tokio

El Gobierno japonés ha aprobado un ambicioso plan de expansión industrial. Los norteamericanos lo han leído con mucha atención. En Tokio se ha puesto la quilla del portaaviones Shokaku, el casco del Hiryu está terminado y la 2.ª División Motorizada ya está formada en Osaka. La diplomacia japonesa ha hecho amigos donde nadie la esperaba: en Santiago de Chile.

Roma

Mussolini también ha anunciado su propio plan de expansión industrial. Los periodistas preguntaron cómo piensa pagarlo y el ministro de Finanzas cambió de tema. Las arcas siguen en rojo y este invierno no se ha encargado ni un fusil. Por si acaso, la diplomacia italiana trabaja en Viena, en Budapest y en Lisboa. En África, la artillería ha entrado en Asmara y un transporte ha atracado en su puerto. El casco del portaaviones Sparviero está terminado.

Londres

Gran Bretaña ha firmado un acuerdo comercial con Turquía. El mineral turco viajará por el Mediterráneo hasta los puertos británicos, y para traerlo se han encargado cuatro mercantes nuevos, tres en Liverpool y uno en Plymouth. El nuevo transporte de tropas ya ha salido de Plymouth, y en Halifax ha atracado el segundo petrolero que traerá crudo canadiense a Gran Bretaña. Mr. Baldwin prepara las maletas para retirarse en primavera; Mr. Chamberlain, que ya ha medido el despacho, guarda el dinero del rearme para el año que viene.

Washington

El 20 de enero Franklin D. Roosevelt juró su segundo mandato bajo un aguacero, en la primera investidura celebrada en enero. «Veo un tercio de la nación mal alojado, mal vestido y mal alimentado», dijo. Los aislacionistas aplaudieron que no mencionara Europa. El crucero Vincennes se ha unido a la flota en Boston y el Enterprise avanza en Norfolk.

Franklin D. Roosevelt
Roosevelt contempla el desfile de su segunda investidura desde la tribuna frente a la Casa Blanca, Washington, 20 de enero de 1937. FDR Presidential Library & Museum, licencia CC BY 2.0. (Wikimedia Commons)

España

La nieve y los temporales han frenado la guerra, pero no del todo. La caballería sublevada, recién formada en Málaga, ha salido hacia el norte y ha ocupado las últimas minas que la República conservaba en Andalucía oriental. La guarnición de Zaragoza ha avanzado hasta los bosques del Sistema Ibérico, y los guardias republicanos del nordeste de Madrid siguen cercados por tres lados.

El Gobierno de Valencia ya no controla más que dos ciudades: Valencia y Sevilla. Con lo poco que le queda, el presidente Azaña ha terminado de pagar el IV Cuerpo y ha organizado una nueva guarnición. Burgos, en cambio, va de compras: bombarderos italianos SM-79, artillería pesada y pilotos, todo pagado por adelantado.

Moscú

En enero se celebró el segundo gran proceso de Moscú. Piatakov, Rádek y otros quince viejos bolcheviques confesaron todo lo que el fiscal Vyshinski les pidió y algunas cosas más. Stalin no ha movido ficha fuera de sus fronteras y ahorra el dinero para otra cosa. En el Comisariado de Defensa nadie pregunta para qué. El mariscal Tujachevski ha dejado de invitar a cenar a sus amigos.

París

Léon Blum ha anunciado una «pausa» en las reformas del Frente Popular para tranquilizar a los mercados. El XXIV Cuerpo Motorizado ya está completo y estará en la calle en primavera. París sigue sin tomar iniciativas diplomáticas.

Nankín

El Generalísimo Chiang Kai-shek, liberado en diciembre en Sian tras su célebre secuestro, ha empezado a cumplir lo prometido. El Tesoro nacionalista paga ya la formación de un nuevo ejército en Sian… que obedecerá a Mao Zedong. En Nankín nadie quiere hablar del Frente Unido, y en Yenán nadie quiere dejar de hablar de él. En Indochina, la policía colonial francesa pasa un invierno sin sobresaltos.


Entrevista TIME (ficticia)

«Las medallas me las dieron en África. La paciencia, también»

Francisco Franco y Emilio Mola
El general Franco en Burgos (Plaza de Alonso Martínez), agosto de 1936. A su izquierda, con gafas, el general Mola. Autor desconocido. Wikimedia Commons, dominio público. (Wikimedia Commons)

Conversación imaginaria con el general Francisco Franco en su cuartel general de Salamanca, en el palacio episcopal que le ha cedido el obispo. Nos reciben un ayudante, dos guardias moros y un canario que, según el ayudante, «es de la señora». El Generalísimo llega con siete minutos de retraso y el uniforme sin una arruga.

Excelencia, ¿cómo prefiere que le llamemos? ¿General, Generalísimo, Caudillo?

Excelencia está bien. Generalísimo también. Caudillo lo reservo para los discursos. General me lo llaman los otros generales, cuando creen que no les oigo.

Málaga ha caído y ahora sus jinetes han limpiado de rojos las minas de la provincia. ¿Cuándo termina la guerra?

Cuando termine. No tengo prisa. En África aprendí que la paciencia gana más batallas que la caballería. Aunque, en este caso, también la caballería ayuda.

En Europa dicen que sin aviones italianos no lo habría conseguido.

Los aviones italianos son excelentes. Las facturas italianas, también. El Duce y yo tenemos una relación muy cordial: él manda los aviones y yo le mando los agradecimientos.

¿Y el dinero?

Eso lo lleva Hacienda.

Su uniforme lleva muchas condecoraciones. ¿Cuál le tiene más cariño?

(El Generalísimo se pasa la mano por el pecho, como contándolas.) La que no llevo. En Marruecos me propusieron para la Laureada, me la negaron y recurrí al Rey. No me dieron la cruz, pero me ascendieron a comandante. Desde entonces sé que los recursos bien presentados ganan batallas.

Se dice que es usted el general más joven de Europa.

Lo fui. Ahora soy el más paciente.

¿Qué opina del general Mola?

Un gran soldado. Lleva gafas.

¿Eso es todo?

Es mucho. Yo no las necesito.

Y del general Queipo de Llano, que habla todas las noches por la radio de Sevilla…

Habla mucho. Yo hablo poco. España necesita a los dos tipos de hombre, pero en proporciones distintas.

Sevilla, por cierto, sigue en manos republicanas en este momento. ¿No le preocupa?

(Un silencio largo. El canario canta.) Sevilla es muy bonita en primavera. Iremos en primavera.

Una última pregunta, Excelencia. ¿Nos firmaría una fotografía para nuestros lectores?

(El ayudante saca de un cajón un retrato con marco de plata. El Generalísimo firma con letra pequeña y apretada, sopla la tinta y lo devuelve al cajón.) Ese es para el Duce. El suyo se lo mandaremos por correo, cuando haya sellos.

Al despedirnos, el ayudante nos recuerda que la entrevista ha durado veintidós minutos y que Su Excelencia ha hablado durante seis de ellos. Lo considera un récord.

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