Crónica de ficción de una partida de World in Flames con Days of Decision III, escrita al estilo de un noticiario de la época. Los hechos son los del tablero; las declaraciones y la entrevista son inventadas.
Titulares
- El rey abdica por amor. Eduardo VIII renuncia al trono para casarse con Wallis Simpson.
- Roosevelt, reelegido. El presidente arrasa en las urnas.
- Cae Málaga. La ofensiva rebelde de invierno se adueña del sur de Andalucía.
- Roma firma con Ankara y el mineral turco llega a Trieste en tren.
- El Reich fabricará gasolina con carbón en una gran planta de Magdeburgo.
- México gira a la izquierda y en Washington no saben si reír o llorar.
Washington

Franklin Delano Roosevelt ha ganado la reelección. Ha gastado en la campaña hasta el último dólar que tenía guardado, pero ha llegado a tiempo y los republicanos se quedan sin la Casa Blanca hasta 1940. Su primer gesto internacional ha sido discreto: la diplomacia norteamericana ha conseguido que Irlanda deje de escuchar a Moscú, a París y, ya puestos, también a Washington.
La mala noticia le ha llegado del sur. México ha dado un paso hacia el bando de Moscú, y los diplomáticos norteamericanos aseguran que el empujón lo ha dado Berlín. Nadie entiende muy bien cómo la diplomacia alemana ha conseguido acercar al vecino de los Estados Unidos al comunismo usando la influencia de Stalin, pero en el Departamento de Estado nadie se ríe. En Norfolk ha empezado el armamento del portaaviones Enterprise.
España
La ofensiva de invierno de los sublevados ha empezado con mala suerte y ha terminado con éxito. Los cazas rebeldes de Zaragoza bombardearon Valencia sin acertar en nada, y se quemó en la incursión el combustible guardado en Madrid. Después el IV Cuerpo salió de la capital hacia el sur, ocupó las minas de Andalucía oriental y entró en Málaga sin encontrar resistencia.
Mientras tanto, el V Cuerpo bajó desde Bilbao y la guarnición de Zaragoza salió hacia la sierra: los guardias republicanos que resisten al nordeste de Madrid están ahora rodeados por tres lados. La República ha cubierto Sevilla con la guarnición de Cádiz y ha reforzado Valencia y Cartagena con las tropas recién formadas. El presidente Azaña ha pagado por completo su nuevo estado mayor, que estará operativo en primavera.
Las cuentas, sin embargo, no salen. Los sublevados disponen de cuatro veces más recursos que el Gobierno y ya están pagando unidades motorizadas que no deberían existir hasta 1938.
Londres
El 10 de diciembre, Eduardo VIII firmó su abdicación en Fort Belvedere. Al día siguiente se despidió de la nación por radio, explicando que no podía cumplir con sus deberes sin el apoyo de la mujer que ama. Su hermano el duque de York reina ya como Jorge VI. Mr. Baldwin, que ha conducido la crisis con mano firme y sin escándalo, ha salido de ella con más prestigio del que tenía. Tampoco el rearme se ha resentido: el Tesoro británico tiene ya veintiún millones guardados y espera el Año Nuevo para gastarlos.
Roma
Italia ha firmado con Turquía un acuerdo comercial y el primer cargamento de mineral turco ha llegado a Trieste en tren, atravesando Bulgaria y Yugoslavia. El mariscal Badoglio ha vuelto de África y ha desembarcado en Siracusa. En Génova se han botado los acorazados Littorio y Vittorio Veneto. La división Celere sigue en sus cuarteles de Nápoles, esperando un dinero para rehacerse que el Tesoro no encuentra. Las arcas, eso sí, siguen en rojo. En Lisboa, la diplomacia italiana ha conseguido que Portugal se aleje a la vez de París y de Moscú.
Berlín
El Plan Cuatrienal tiene su primer gran proyecto: una planta de gasolina sintética en Magdeburgo, que estará en marcha a principios de 1938. Los bombarderos Heinkel y el cuartel general de von Bock estarán listos en enero, y el Scharnhorst ha empezado su armamento en Hamburgo.
Moscú
Stalin no ha llegado a mover ficha en la diplomacia este invierno. El 24.º Ejército siberiano ya está en Moscú, y en Leningrado y Sebastopol se arman los cruceros Kirov y Voroshilov. Con ellos, la flota roja dejará de ser la más pequeña de las grandes potencias.
París
Léon Blum pasa el invierno con un Tesoro vacío y un cuerpo motorizado a medio formar. En el Quai d’Orsay reina un silencio prudente: París no ha tomado ninguna iniciativa diplomática y se limita a mirar hacia Valencia con preocupación.
Tokio
Japón ha guardado su crédito político para el año nuevo. Sus nuevos aviones embarcados D3A esperan en los hangares a que lleguen los pilotos.
Nankín
En China no se ha movido nada y en Malaya tampoco: la policía colonial británica pasa unas navidades tranquilas.
Entrevista TIME (ficticia)
«Le he dejado el trono a mi hermano. Las corbatas, no»

Conversación imaginaria con Su Alteza Real el duque de Windsor en el castillo de Enzesfeld, en Austria, donde se ha refugiado tras la abdicación. Mrs. Simpson, que espera en Cannes a que se resuelva su divorcio, participa por teléfono. La línea es mala y la conferencia, carísima. El duque insiste en que la pague la revista.
Alteza, ¿cómo debemos llamarle ahora?
Mi hermano dice que «duque de Windsor». Mi madre no me llama de ninguna manera. Usted puede llamarme «Su Alteza»; me han dejado el tratamiento, que es más de lo que me han dejado de casi todo lo demás.
¿Se arrepiente?
¿De qué? He cambiado un imperio de quinientos millones de súbditos por una mujer encantadora y dos terriers escoceses. Los perros, desde luego, están más contentos.
(Mrs. Simpson, al teléfono): David, diles lo de los terriers.
Ya se lo he dicho, cariño.
Mrs. Simpson, ¿cómo vive usted todo esto?
(Mrs. Simpson): Con mucha paciencia y muchas llamadas. David me telefonea tres veces al día. La centralita de Viena nos odia.
Alteza, se dice que le preocupa más la ropa que la política.
Es injusto. Me preocupan las dos cosas, en ese orden. A mi hermano le he dejado el trono, la corona y Mr. Baldwin. Las corbatas me las he quedado yo.
¿Qué opina de Mr. Baldwin?
Es un hombre muy honrado. Me lo ha quitado todo con una cortesía exquisita.
En Europa se habla de guerra: España, el rearme alemán, el británico…
Yo de eso ya no sé nada. Ahora soy un particular. Mi única política exterior es conseguir que la Iglesia de Inglaterra me deje casarme en algún sitio con flores.
(Mrs. Simpson): Y con un buen fotógrafo.
Una última pregunta: ¿dónde piensan vivir?
Donde haya un campo de golf, un buen sastre y nadie que me pida que inaugure un hospital.
(Mrs. Simpson): En Francia, querido. Lo hemos hablado.
En Francia.
Al despedirnos, el duque nos pide que no publiquemos que ha tenido que pedir prestado un pañuelo. Lo publicamos de todos modos.

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