Historia y Wargames

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Crónica de ficción de una partida de World in Flames con Days of Decision III, escrita al estilo de un noticiario de la época. Los hechos son los del tablero; las declaraciones y la entrevista son inventadas.

Titulares

  • Franco, jefe de los sublevados. La Junta de Burgos le entrega el mando único.
  • La sierra, cercada. Una columna rebelde aísla a los guardias republicanos al nordeste de Madrid.
  • Berlín firma su tercer contrato de hierro con Estocolmo, y Suecia se acerca al Reich.
  • París abre la bolsa para la República, aunque solo sea un poco.
  • Astilleros a pleno rendimiento: botaduras en Hamburgo, Plymouth, Osaka, Leningrado y Marsella.

España

El general Franco saluda durante su investidura como jefe del Estado de la zona sublevada, Burgos, octubre de 1936
El general Franco saluda durante su investidura como jefe del Estado de la zona sublevada, Burgos, octubre de 1936. Agencia Keystone, autor desconocido. Dominio público (Wikimedia Commons).

Tras la caída de Madrid, la guerra de España ha entrado en una fase de maniobra lenta y de cálculo. Los sublevados no han lanzado ninguna ofensiva este otoño, pero tampoco la han necesitado. Su VIII Cuerpo ha salido de las alturas al norte de Valencia y se ha instalado en la sierra que separa la costa de la Meseta. Con ese solo movimiento ha cortado la única ruta por la que llegaban víveres y munición a los guardias republicanos que se retiraron de Madrid en agosto. Siguen en sus posiciones de montaña, a la vista de la capital, pero ya no les llega nada.

El Gobierno de Valencia ha respondido con prudencia. La caballería que tomó Cartagena en julio ha subido en tren hasta Valencia, donde se ha unido al V Cuerpo para guardar la ciudad, que es ahora la llave de todo lo que le queda a la República. Cartagena se ha quedado sin tropas. En el aire, los cazas rebeldes se han trasladado de Barcelona a Zaragoza, más cerca del frente.

En Burgos, la junta militar ha resuelto la cuestión del mando: el general Franco será jefe del Estado y generalísimo de los ejércitos sublevados, y su cuartel general estará operativo en primavera. Los rebeldes, con el doble de recursos que el Gobierno, han completado de una vez el pago de cinco unidades nuevas que entrarán en línea en noviembre. La República solo podrá oponerles una guarnición y una división de voluntarios. El presidente Azaña ha ordenado crear un estado mayor propio y un nuevo cuerpo de infantería, que no estarán listos hasta marzo.

París

Léon Blum ha dado el paso que la izquierda francesa le pedía y que Londres le desaconsejaba: Francia apoya abiertamente al Gobierno español. El gesto ha sido más político que material, porque el Tesoro francés está vacío. París ha enviado a Valencia el único crédito que le quedaba y ha tenido que dejar a medias la formación de su propio cuerpo motorizado. En Latinoamérica, la diplomacia francesa ha conseguido de paso borrar la influencia que Moscú y Washington tenían en Brasil. En los astilleros de Marsella y Tolón han tomado forma los cascos de los acorazados Richelieu y Strasbourg.

Berlín y Estocolmo

Alemania ha firmado con Suecia su tercer acuerdo comercial del año, otra vez a crédito. El Reich se asegura así tres de las cuatro grandes partidas del mineral de Laponia, y un tercer convoy ha salido al Báltico para traerlo. Suecia, que vende y calla, se ha deslizado un paso hacia la órbita alemana, igual que hizo Siam con Tokio el verano pasado.

Con el hierro sueco y el crudo rumano, la industria alemana ha batido este otoño su récord de producción. Esta vez no ha guardado ni una gota de petróleo: todo ha ido a las fábricas. En Hamburgo se han botado el crucero Admiral Hipper y los acorazados Scharnhorst y Gneisenau, y el Gneisenau ha empezado ya su armamento. La Luftwaffe espera sus primeros bombarderos Heinkel 111 para el invierno.

Roma

Italia vuelve a casa. El Cuerpo Mecanizado «Libia» ha embarcado frente a Massaua, ha cruzado el canal de Suez y ha desembarcado en Siracusa. Los camisas negras ya están en Trípoli, la división Aosta guarda Eritrea y la artillería se repliega hacia la costa. El crucero Cadorna ha pasado de Siracusa a Tarento. Las arcas italianas, vacías después de pagar el golpe de España, no han dado este otoño ni para una unidad nueva.

Londres

Mr. Baldwin sigue sin decir nada y sigue ahorrando. El Tesoro británico ya tiene más de dieciséis millones en la hucha del rearme, y en Whitehall se da por hecho que el gran programa llegará con el nuevo año. Mientras tanto, de las gradas de Plymouth, Glasgow y Liverpool han salido los cascos del portaaviones Ark Royal y de los cruceros Southampton y Birmingham.

Moscú

El Kremlin no ha enviado este otoño un solo rublo a España. El 24.º Ejército siberiano ha completado su formación y estará en línea en noviembre. En Leningrado y Sebastopol se han botado los cruceros Kirov y Voroshilov.

Washington

Mr. Roosevelt se juega la reelección en noviembre y no ha gastado un dólar: guarda sus fichas para la campaña. Su Gobierno sigue cobrando a Tokio, por el tratado comercial, un pequeño peaje que Japón paga sin rechistar.

Tokio

Japón ha observado sin moverse. En Osaka se han botado los cruceros Tone y Chikuma, y en Tokio el portaaviones ligero Chitose. En Corea, donde la policía colonial temía disturbios, no se ha movido nadie.

Nankín

Chiang Kai-shek ahorra, espera y no se fía de nadie.


Entrevista TIME (ficticia)

«El hierro sueco no engorda, pero hace cañones»

Hermann Göring en el Obersalzberg, 1936
Hermann Göring en el Obersalzberg, 1936. Bundesarchiv, B 145 Bild-F051620-0043, autor desconocido. CC BY-SA 3.0 DE (Wikimedia Commons).

Conversación imaginaria con el general Hermann Göring en su pabellón de caza de Rominten, en Prusia Oriental, pocos días después de que el Führer le nombrara responsable del Plan Cuatrienal. Nos recibe con botas de montar, chaleco de cazador y tres condecoraciones que no logramos identificar.

Herr General, ¿con qué título debemos dirigirnos a usted esta semana?

Con el que prefiera. Soy ministro del Aire, primer ministro de Prusia, presidente del Reichstag, montero mayor del Reich y, desde el martes, comisario del Plan Cuatrienal. Si me llama «Excelencia» acertará siempre.

Es el tercer acuerdo que Alemania firma este año con Suecia. ¿No se fía de sus proveedores?

Me fío tanto que les compro todo. Tengo mucho cariño a Suecia; allí conocí a mi primera esposa, y la casa donde vivo lleva su nombre. Los suecos son gente razonable: tienen hierro, nosotros tenemos fábricas, y nadie tiene por qué ponerse nervioso.

En Londres dicen que ese hierro acabará convertido en cañones.

En Londres dicen muchas cosas. El hierro se convierte en lo que haga falta: en raíles, en tractores, en ollas para las amas de casa. Si de paso salen algunos cañones, es porque Alemania tiene derecho a defenderse como cualquier otra nación. La mantequilla engorda; el acero, no.

¿Y los bombarderos Heinkel que esperan sus pilotos?

Aviones de transporte, como sabe todo el mundo. Muy rápidos, eso sí. A la Lufthansa le gusta llegar puntual.

¿Tiene Alemania algún interés en la guerra de España?

Ninguno. Es un país precioso; me han dicho que hay perdices excelentes en Castilla. Seguimos los acontecimientos con la misma curiosidad que ustedes. Por cierto, ¿sabe usted cómo le va al general Franco?

El Reich ha batido este año su récord de producción. ¿No teme que Francia o Inglaterra se alarmen?

Que se alarmen, si quieren; alarmarse es gratis. Nosotros trabajamos. Monsieur Blum le manda a Valencia el poco dinero que tiene, y Mr. Baldwin guarda el suyo en un cajón. Yo prefiero gastar el mío en algo que se pueda ver desde el aire.

Una última pregunta. ¿Qué piensa cazar este otoño?

Ciervos, si el tiempo acompaña. Y oportunidades, que en estos tiempos son más abundantes y bastante menos ariscas.

Al despedirnos, el general nos regala una fotografía firmada de sí mismo, de uniforme. Asegura que tiene muchas.

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