Crónica de ficción de una partida de World in Flames con Days of Decision III, escrita al estilo de un noticiario de la época. Los hechos son los del tablero; las declaraciones y la entrevista son inventadas.
Titulares
- Cae Addis Abeba. Las tropas italianas entran en la capital etíope y Roma da por conquistado el país.
- Moscú firma el Tratado Naval de Londres, para sorpresa de las cancillerías.
- Alemania se asegura el hierro sueco con un segundo acuerdo comercial.
- Léon Blum toma posesión y envía un cuerpo de ejército a Metz.
- Japón sigue concentrando tropas en Manchuria.
Addis Abeba

La guerra de Etiopía ha terminado en tres semanas de buen tiempo. Con el fin de las lluvias, la artillería italiana abrió fuego sobre las alturas de la capital y desorganizó el cuartel general del emperador; días después, los trimotores Savoia de Asmara hicieron lo mismo con la milicia de la ciudad. Lo que quedaba de la defensa se atrincheró y esperó el asalto.
Llegó desde tres direcciones: el Cuerpo Mecanizado «Libia», el X Cuerpo, los motorizados de la división Celere, los camisas negras y la división Aosta, más del doble de fuerzas que los defensores. Las tropas del Negus se deshicieron. El X Cuerpo de Ejército entró en Addis Abeba, y el emperador Haile Selassie ha abandonado el país.
La victoria ha tenido un precio: la Celere, que llevó el peso del asalto, ha quedado tan castigada que ha sido retirada a Nápoles para rehacerse. El resto del ejército expedicionario se repliega ya hacia Asmara y sus puertos. Roma celebra un Imperio; el Estado Mayor piensa en traer las tropas a casa.
Roma

Mientras sus generales ganaban la guerra, la diplomacia del Duce ha guardado un silencio calculado: ni una iniciativa, ni un tratado. En el Palazzo Chigi se habla de acumular crédito político para el otoño. Las arcas, modestas, se han dejado intactas. Desde el balcón del Palazzo Venezia, ante una plaza abarrotada, Mussolini ha proclamado el Imperio. En un comunicado conjunto, Roma, Berlín y Tokio se declaran «defensoras fervientes de la paz en el mundo» y hacen constar «el belicismo del resto de países». La nota se difundió la misma semana de la entrada en Addis Abeba.
Berlín y Estocolmo
El Reich ha firmado con Suecia un segundo acuerdo económico, otra vez a crédito, que le asegura una nueva partida del mineral de hierro de Laponia. Un convoy adicional ha salido al Báltico para traerlo. Con el crudo rumano y el hierro sueco, la industria alemana produce ya a un ritmo que ninguna otra potencia iguala, y Berlín, por primera vez este año, ha preferido ahorrar antes que gastar.
En Holanda, la diplomacia alemana ha borrado de un plumazo tanto su propia mala imagen como la influencia británica. En Berlín sigue formándose el cuartel general del general von Bock, y el crucero Admiral Scheer ha vuelto al servicio.
Moscú
La sorpresa del bimestre ha venido del Kremlin: la Unión Soviética se ha adherido al Tratado Naval de Londres. El gesto, bien recibido en Washington, tiene menos fondo del que aparenta, porque la flota roja es la más pequeña de las grandes potencias y no hay tratado que le quite ese puesto. De paso, los diplomáticos soviéticos han deshecho en Varsovia la influencia que Berlín había ganado.
En tierra, Stalin sigue contando divisiones: el 11.º Ejército ya está desplegado en Vladivostok, el 14.º termina de formarse en Moscú y se ha ordenado crear un ejército siberiano, el 24.º.
París
Léon Blum ha formado gobierno y ha tomado una primera decisión militar: el XLIII Cuerpo de Ejército, recién equipado, ha salido en tren hacia Metz, donde se ha unido al cuartel general del general Billotte, a la vista de las avanzadas alemanas del Sarre. El Estado Mayor ha descubierto, de paso, que no le quedan cuadros para más cuerpos de infantería, y ha encargado un cuerpo motorizado que tardará en llegar.
Londres
Mr. Baldwin no ha dicho nada sobre Etiopía que merezca recordarse. El Gobierno se reserva, ahorra y deja correr el rumor de que prepara un gran programa de rearme. El acorazado Queen Elizabeth ha vuelto a la flota y los primeros cazas Gladiator esperan en sus hangares a que la RAF les encuentre pilotos.
Washington
Cinco buques han salido de los diques: los cruceros Pensacola, Houston, Salt Lake City y Trenton y el acorazado New York. En Virginia se ha botado un segundo portaaviones, el Enterprise, mientras el Yorktown recibe su armamento. De política exterior, ni una palabra.
Tokio y Manchuria
El Ejército de Kwantung ha adelantado otra vez sus posiciones: la 4.ª División se ha unido a la caballería y la artillería al 18.º Ejército. La Marina ha botado el portaaviones ligero Zuiho y el crucero Kumano, y el Ejército ha pedido una formación motorizada.
Nankín
Chiang Kai-shek sigue sin mover un soldado y sin dejar de mirar al norte.
Entrevista TIME (ficticia)
«Hoy somos nosotros. Mañana serán ustedes»

Conversación imaginaria con el emperador Haile Selassie en Ginebra, a donde ha viajado para hablar ante la Sociedad de Naciones.
Majestad, su capital ha caído y su ejército ya no existe. ¿A qué ha venido a Ginebra?
A reclamar lo que se me prometió. Cincuenta y dos naciones dijeron que una agresión había tenido lugar. He venido a preguntarles qué piensan hacer al respecto.
¿Qué ocurrió en Addis Abeba?
Nos bombardearon antes de atacarnos, primero con cañones y luego desde el aire, y no teníamos con qué responder a ninguna de las dos cosas. Mis hombres se atrincheraron en las colinas y aguantaron cuanto pudieron. No fue una batalla entre iguales, y nunca pretendimos que lo fuera.
Gran Bretaña dirigía su defensa. ¿Se siente abandonado por Londres?
Londres me dio consejos. Yo necesitaba fusiles. No guardo rencor a Mr. Baldwin, pero tampoco le debo gratitud.
Italia dice que la guerra ha terminado.
Italia tiene una ciudad y una carretera. Etiopía es más grande que eso, y más paciente.
¿Qué les dirá a los delegados?
Que hoy somos nosotros y mañana serán ellos. Que si un pueblo pequeño puede ser entregado sin que nadie pague por ello, ninguna firma al pie de ningún tratado vale ya nada. Y que la Historia recordará lo que decidan.

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